viernes, 30 de junio de 2017

El Examen de Aikido

https://flic.kr/p/6QF4ji
Era un sábado en la mañana y, de la misma forma que se han caracterizado todos los sábados de este terrible semestre, alisté las cosas para ir a la PUCP. No obstante, esta vez cargaría con algo adicional: un aikido-ji, con cinturón amarillo.

Empecé a practicar aikido hace años, antes de ir a Europa. Debido a la tesis de maestría, y el posterior viaje, abandoné la práctica, no sin antes sacar el cinturón amarillo.

Pues este año decidí retomar el aikido, con la buena suerte de conseguir que me reconocieran el cinturón. Luego de unos meses de práctica, mi sensei me dijo que probara dar el examen para cinturón naranja.

Ya pues.

La cosa se complicó desde el inicio, ya que el pre-examen se llevó a cabo justamente durante una semana en la que yo estaría en Colombia. No obstante, hicieron una excepción sólo para mi, y me permitieron dar el pre-examen en otra fecha.

Fue un desastre.

Básicamente, me puse nervioso. El pre-examen se dio en el Dojo Central, al cual nunca había ido, y se llevó a cabo luego de una clase regular. Fui el único en darlo. Entenderán entonces mi nerviosismo, durante esta evaluación me estaban mirando absolutamente todos los asistentes a la clase, gente completamente desconocida, que sacrificaban el tiempo de su clase para que este tipo pudiera dar su pre-examen.

Y nada, cometí mil errores. Y luego me lo hicieron saber, me dieron una lista de cosas por corregir, frente a todos los espectadores, que duró como 15 minutos. Horrible, oye.

Pues nada, cuatro días despues, estaba dando el examen. Pero el problema era que el examen se daba a las 14:00, en San Borja, y yo tenía que dictar una clase en la PUCP, de 10:00 a 13:00. Sí, clases en la PUCP los sábados, ha sido el tema recurrente de mis conversaciones este semestre.

Anyway, el examen era a las 14:00, pero antes habría una clase previa, tipo "calentamiento". Hice mis cálculos, pero imposible, ni aunque terminara mi clase 30 minutos antes llegaría a tiempo al "calentamiento". Así que ni modo, la clase acabó a las 13:00, agarré una empanada, y salí volando en busca de un taxi.

El taxista me dijo que me cobraba S/.18. Ya, lo que sea. Me subí, avanzamos cuatro cuadras, y se le reventó la llanta. Cha mare....

En sitio donde me dejó el primer taxista fue muy inconveniente. En ese lugar paraban muchos buses, y los taxis lo evitaban. Pasaron como cinco minutos antes de que lograra conseguir uno. Me empecé a desesperar.

El segundo taxi inicialmente parecía informal, ya que no tenía el casquete que dice "taxi." No obstante, su placa sí era correcta (tenía la bandita amarilla), así que me subí nomás. Me dijo S/20, que me pareció un abuso, pero no tenía mucha opción.

Al subir, le dije que iba a poner Waze, para llegar lo más rápido posible. Le indiqué la ruta, él me miró, y dijo que no, que quería ir por la Costa Verde, que el Waze no considera semáforos ni tiene la información de atascos. Yo lo miré con cara de "¿De qué cueva te han sacado?"

Le dije al tipo que tenía que estar en el sitio a las 14:00. Y que la ruta de Waze indicaba que llegaríamos a las 13:50. Que yo no tenía problema en usar otra ruta, pero que si me hacía perder el examen, me iba a molestar mucho.

A él no le importó.

O bueno, más o menos. Siguió su ruta, pero en el camino cruzó todos los semáforos en rojo. Manejó como un animal por la Costa Verde y, encontrando el atasco de siempre en Armendáriz, esquivó la cola, metiéndose ilegalmente por otro lugar.


Lo que debí haber hecho en ese momento era bajarme. Mandarlo al demonio. Pero si lo hacía, no llegaría en la vida al examen. Así que me puse en modo zen, y consideré esta situación como el inicio de la evaluación. O algo por el estilo.

Llegamos a las 13:50. O sea, igual que si seguíamos al Waze. Pero claro, Waze no asume que uno rompería todas las reglas del manual de tránsito. El tipo luego tuvo el descaro de enorgullecerse "¿Ya ves? Llegamos más rápido."

Yo seguía en modo zen, y me bajé sin decir mucho. ¿Para qué pelearse con alguien así?

Pos na'. Llegué al examen a tiempo. Y bueno, cometí errores nuevamente, pero esta vez muchos menos. El mejor momento del examen fue cuando pidieron que ejecute ushiro-tekubitori-sankyo. Yo yo siempre me hago bolas con sankyo. Y lo genial fue que, cuando lo llevé a cabo, me salió tan bien que el Gran Sensei se paró, y exclamó jubiloso "¡Bien, Joel!". ¡La gente aplaudió!

Ok, no. Es mentira. Me salió bien, y el Gran Sensei dijo "Bien, Joel" en voz baja, casi un susurro, pero lo escuché, y para mi eso daba igual que que se parara jubiloso, con la gente aplaudiendo.

Y eso. Cinturón naranja. A pesar de todo.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Falta de Concentración

https://flic.kr/p/n7rZBV
Acabo de volver de una reunión de exalumnos, donde nos reunimos con un Miembro Ilustre de la Sociedad. No puedo decir mucho al respecto, por un acuerdo de confidencialidad, pero sí puedo publicar algunos de mis pensamientos al respecto. Ahí van.

- Uy, el Miembro Ilustre de la Sociedad está a punto de empezar a hablar. Mejor termino rápido mi comida, que es de mal gusto estar comiendo cuando otro habla.

- Ya, listo, me quedé sin postre, pero estoy a tiempo para darle el 100% de mi atención.

- Hmmm, el Miembro Ilustre de la Sociedad da argumentos interesantes, complementan bien mis ideas básicas sobre lo que está ocurriendo en el Perú actualmente.

- Vaya, esto que dice va más o menos por donde creía que iba la cosa, tan mal no estoy.

- ¡Qué parecido tiene con otros Miembros Ilustres de la Sociedad que conozco! Tal vez haya una escuela para ser Miembro Ilustre de la Sociedad.

- Terminó el discurso, muy interesante. Viene la ronda de preguntas, a ver si se me ocurre algo.

- Ahhh, ese que está al frente es físico también, a ver por dónde... ¿pero qué es esto?

- ¿En serio me van a traer los postres a la mesa?

- ¿Y es en serio que me van a dar un poquito de cada postre?

- Espera, espera, hay que concentrarse, que el Miembro Ilustre de la Sociedad está respondiendo a la pregunta del físic... ¡pero qué buena que está la torta de chocolate!

- Uff, brutal la torta, sería la envidia de Donald Trump. Pero, ¿en qué estaba?

- Pucha, le siguen haciendo preguntas al Miembro Ilustre de la Sociedad, pero a mi me quedan dos postres más... y uno parece tiramisú, madre mía.

- ¿Qué hago, qué hago? Sería bueno pensar en una pregunta buena, para contribuir en la discusión, pero ahorita la única pregunta que se me viene es cuál postre debería comer primero.

- Vamos, por el de la derecha, que no se ve tan bueno como el tiramisú.

- Y bueno, pues sí que estaba bueno. Chocolate, masa suave, y una crema tipo pastelera, que no es pastelera, sino algo mejor.

- Ufff, pero qué buena onda el tipo que me ha traido los postres. En serio. Ahora a honrar su trabajo, y terminar con el tiramisú. A ver si está tan bueno como parece.

- Mmmmmmm, maravilla, casi casi como los de Roma. Buenazo el tiramisú. Para comerlo lentamente y saborear cada pedazo.

- ¿No debería estar haciendo otra cosa? No lo sé, pero ahora somos sólamente el tiramisú y yo.

- Wow, qué bueno estuvo todo esto. Sensacional

- Pero... ¿dónde estoy? ¿Y qué hago en traje?

- Ah, carambas. Reunión de exalumnos. Miembro Ilustre de la Sociedad. Verdad.

A veces pasa.

domingo, 30 de abril de 2017

Las Calles de Lima (5)


https://flic.kr/p/4fijRg Una buena mañana, llegué al punto de trasbordo entre las líneas 18 y 03. En este punto, uno debía presentar su boleto, que sería validado por un empleado de la compañía, para poder realizar el trasbordo.


Esta vez, era una chica quien validaba los boletos. Me preguntó si sabía lo de La Tarjeta, yo por supuesto, no me había enterado de nada.

"A partir de ahora," me dijo, "sólo se podrá hacer trasbordo si se tiene La Tarjeta. Uno marca al subir al primer bus, y tiene una hora para hacer todos los trasbordos que quiera."

Miren ustedes. Cada vez mejor la cosa. Pues yo quería una tarjeta de esas, ¿dónde la consigo?

"Me tiene que dar sus datos," respondió la chica, "con ellos haré un pedido para que se la manden a este punto, y usted la recoge en un par de días."

 ***

Subí a la 18, e indiqué que quería hacer trasbordo con la línea 03. Este vez, el chofer-cobrador me dijo que no, que eso ya no, que ahora debía tener La Tarjeta. Le dije que ok, no había problema, que me llevara al punto de trasbordo, que ahí seguro tendría mi tarjeta esperando.

Esta vez tendría que pagar doble pasaje, pero bueno, no pasa nada, cualquier cosa por conseguir La Tarjeta.

En el punto de trasbordo, había un chico de la compañía. Le pregunté si tenía mi tarjeta.

"Un momento," me dijo, "justo está pasando un bus de la línea 03. Tengo que darle indicaciones."

Esperé un minuto, y el chico regresó. Me preguntó si había hablado con La Señorita, que era ella quien venía a entregar La Tarjeta. Yo no estaba seguro de quién era La Señorita, aunque sonaba importante. Le dije que hace unos días había una señorita acá, haciendo su chamba, pero que no me dio la impresión de que fuera ella a quien se refería, que tan solo tomó mis datos.

"Un momento," repitió, "otra vez, un bus de la línea 03. Ahora vuelvo."

Esperé otro minuto. El chico regresó, y me repitió que era La Señorita quien entregaba La Tarjeta, y que tenía que hablar con ella. No obstante, me dijo también que ayer La Señorita le había dejado un grupo de tarjetas para entregar, y que probablemente una de ellas tenía mi nombre.

En eso pasó otro bus de la línea 03, y el chico se fue a hacer sus diligencias, dejándome pensando para qué demonios me había contado todo el rollo de La Señorita, si es que él probablemente tenía mi tarjeta en su mochila.

El chico volvió, y sacó de su mochila un grupo grandote de sobres. Dentro de cada uno de ellos, La Tarjeta. Empezó a revisarlos, y oh sorpresa, ningún sobre tenía mi nombre.

"Voy a llamar a La Señorita, a ver qué pasó," me dijo el chico. Por supuesto, La Señorita no respondió. Intentó otra vez, y nada.

En eso, pasó la línea 03, nuevamente. En ese instante, La Señorita contestó el teléfono, pero el chico se atolondró con la llegada del bus y la necesaria diligencia, y le colgó. Maravilloso.

Luego de que se fuera la línea 03, La Señorita no volvió a responder. Parece que se resintió. El chico me dijo que ni modo, que tomaba mis datos nuevamente, y que en breve tendría La Tarjeta.

Yo me resigné, y le di mis datos. Había perdido un poco de tiempo con todo el trámite, pero bueno, ahora tomaría la línea 03 y llegaría rápido al trabajo. Y seguro la línea 03 pasaría en breve, que durante todo este trámite había pasado un bus cada dos minutos.

Y esperé.

Y seguí esperando.

Y esperé un rato más.

Y el siguiente porco bus de la línea 03 demoró 15 minutos en llegar.



***

Sonó mi teléfono.

"Buenas, estoy acá en la calle Sucre, donde se hace el trasbordo entre las líneas 18 y 03. Tengo La Tarjeta. Quería saber a qué hora va a venir a recogerla."

Chesu. Era La Señorita. Aunque tenía una voz maleadamente masculina. Le dije que no, sorry, ese día me quedaba en casa trabajando, y que recién el lunes o martes pasaría ahí.

"Ok," respondió, y colgó.

***

Ese martes, el primer bus que pasó fue la línea S, que no pasaba por Sucre, pero me dejaba suficientemente cerca. Me subí, no me importaba caminar unas cuadras adicionales para conseguir La Tarjeta.

Al llegar, había otro chico. Estaba acompañado por un señor algo mayor, que parecía empleado importante de la empresa de buses. Le dije al primero que me habían llamado para entregarme La Tarjeta.

El chico me preguntó mi apellido. "Jones," le dije, "con jota, sin hache, así como Indiana Jones."

A veces me cuesta hacerme entender.

Mientras el chico buscaba entre los sobres, el señor me mira y me dice: "Jones is an American surname."

Cha mare, otro idiota que piensa que soy gringo. Le respondí en castellano, "Realmente es un apellido de Gales."

El señor no se rindió, "Oh! A European surname then!"

Fantástico. Yo sólo quería tomar mi sobre y largarme de ahí, pero el chico seguía sin encontrar mi nombre. El señor eventualmente entendió que podía hablarme en castellano, pero siguió con su cantaleta, y me habló de "Jones Beach," en Long Island. A mi no me interesaba mucho el tema, pero bueno, tampoco quería ser maleducado. A pesar de todo, el señor al final resultó siendo muy amable.

En eso llegó un grupo de tres empleados más de la empresa, saludaron al chico, al señor, y al verme charlando con el último, me saludaron a mi, como si yo fuera una Persona Relevante. Mare meua...

Y no, no tenían ningún sobre con mi nombre, y tomaron mis datos por tercera vez. Escapé rápidamente del señor y sus amigos, los últimos ya se habían dado cuenta que yo era Cualquier Fulano, y no se despidieron.

***

En mi cuarto intento por conseguir La Tarjeta, el chico me sonrió. "No creo tener su nombre," me dijo, "pero La Señorita me ha dado un grupo de sobres sin nombre, para entregar a aquellos interesados."

Finalmente, parece que alguien dentro de la empresa tuvo una sinapsis.

Me entregó un sobre, y me tomó una foto para colgar en su página web.

Whatever! ¡Ya! ¡Listo! ¡Tenía La Tarjeta! ¡Luego de casi un mes, podía hacer trasbordos nuevamente! ¡Tenía el poder!


Unos días después le conté a Pepe sobre lo maravillosa que era La Tarjeta. Él me contó que había ido a pedirla, pero claro, se habían remitido a pedir sus datos.

"Ufff," le dije, "eso va a ser complicado, en mi caso se demoraron casi un mes."

"Sí," me respondió, "otra opción es ir a recogerla en su oficina, que queda en Cantuarias. No sé dónde quedará esa calle."

"¿Cantuarias?"

"Sí, ¿por?"

"Cantuarias queda a dos cuadras de donde vivo...."